TEORÍA GENERAL DE SISTEMAS DE VON BERTALANFFY
Angel Egoavil Felix
angelegoavilfelix123@gmail.com
Huancayo, setiembre 2018
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Huancayo, setiembre 2018
EL DESPERTAR DE LOS SISTEMAS
Si alguien se pusiera a analizar las nociones y muletillas de moda hoy por hoy, en la lista aparecería entre los primeros lugares. El concepto ha invadido todos los campos ·de la ciencia y penetrado en el pensamiento y el habla populares y en los medios de comunicación de masas. El razonamiento en términos de sistemas desempeña un papel dominante en muy variados campos, desde las empresas industriales y los armamentos hasta temas reservados a la ciencia pura. Se le dedican innumerables publicaciones, conferencias, simposios y cursos. En años recientes han aparecido profesiones y ocupaciones, desconocidas basta hace nada, que llevan nombres como proyecto de sistemas, análisis de sistemas, ingeniería de sistemas y así por el estilo. Constituyen el meollo de una tecnología y una tecnocracia nuevas; quienes las ejercen son las «nuevas utopistas> de nuestro tiempo (Boguslaw; 1965}, quienes -en contraste con la cepa clásica, cuyas ideas no sa1ian de entre las cubiertas de los libros- están creando un mundo nuevo, feliz o no.
BREVE HISTORIA SOBRE LA TEORÍA DE LOS SISTEMAS
Figura 1. LUDWIG VON BERTALANFFY
Hemos visto ya que en todos los campos
principales -de la física subatómica a la historia- reina el consenso acerca de
la oportunidad de una reorientación de la ciencia. Hay progresos de la
tecnología moderna paralelos a esta tendencia. Por lo que alcanza a
averiguarse, la idea de una “teoría general de los sistemas” fue primero
introducida por el presente autor, antes de la cibernética, la ingeniería de
sistemas y el surgimiento de campos afines. Más adelante quedará expuesto (pp.
92 ss) cómo se vio llevado a ello, pero en vista de discusiones recientes
parece indicada cierta ampliación. Como pasa con toda nueva idea, en la ciencia
o donde sea, el concepto de sistemas tiene una larga historia. Si bien el
término “sistema” como tal no mereció hincapié, la historia del concepto
incluye muchos nombres ilustres. Como “filosofía natural” podemos remontarlo a
Leibniz; a Nicolás de Cusa con su coincidencia de los opuestos; a la medicina
mística de Paracelso; a la visión de la historia, de Vico e lbn-Kaldun, como sucesión
de entidades o “sistemas” culturales; a la dialéctica de Marx y Hegel -por
mencionar unos cuantos nombres de una rica panoplia de pensadores. El conocedor
literario podrá recordar De ludo globi (1463; cf. Bertalanffy, 1928b) de
Nicolás de Cusa, y el Glasperlenspiel de Hermann Hesse: ambos ven el andar del
mundo reflejado en un juego abstracto, agudamente planeado. Hubo una que otra
obra preliminar en el terreno de la teoría general de los sistemas. Las
“Gestalten físicas” de Köhler (1924) apuntaban en esta dirección,pero no encaraban el problema con generalidad plena y
restringían el tratamiento a Gestalten en física (y a fenómenos biológicos y
psicológicos presumiblemente interpretables sobre esta base). En una
publicación posterior (1927), Köhler planteó el postulado de una teoría de los
sistemas encaminada a elaborar las propiedades más generales de los sistemas
inorgánicos, en comparación con los orgánicos; hasta cierto punto, al encuentro
de esta exigencia salió la teoría de los sistemas abiertos. La obra clásica de
Lotka (1925) fue la que más cerca llegó del objetivo, y le debemos
formulaciones fundamentales. La verdad es que Lotka se ocupó de un concepto
general de los sistemas (sin restringiese, como Kóhler, a sistemas de la
física). Como era estadístico, sin embargo, interesado en problemas de
poblaciones más bien que en problemas biológicos de organismos individuales,
Lotka -cosa algo rara- concibió las comunidades como sistemas, sin dejar de ver
en el individuo una suma de células. No obstante, la necesidad y factibilidad
de un enfoque de sistemas no fue evidente hasta hace poco. Resultó por
necesidad del hecho de que el esquema mecanicista de vías causases aislables y
el tratamiento merista resultaba insuficientes para enfrentarse a problemas
teóricos, especialmente en las ciencias biosociales, y a los problemas
prácticos planteados por la tecnología moderna. Su factibilidad quedó en claro
gracias a distintos adelantos -teóricos, epistemológicos, matemáticos, etc.-
que, aunque aún entre balbuceos, lo volvieron progresivamente realizable.
EN POS DE UNA TEORÍA GENERAL
DE LOS SISTEMAS
Figura 2. Mapa Conceptual de la T.G.S..
La ciencia moderna se caracteriza por la
especialización siempre creciente, impuesta por la inmensa cantidad de datos,
la complejidad de las técnicas y de las estructuras teóricas dentro de cada
campo. De esta manera, la ciencia está escindida en innumerables disciplinas
que sin cesar generan subdisciplinas nuevas. En consecuencia, el físico, el
biólogo, el psicólogo y el científico social están, por así decirlo,
encapsulados en sus universos privados, y es difícil que pasen palabras de uno
de estos compartimientos a otro. A ello, sin embargo, se opone otro notable
aspecto. Al repasar la evolución de la ciencia moderna topamos con un fenómeno
sorprendente: han surgido problemas y concepciones similares en campos muy
distintos, independientemente. La meta de la física clásica era a fin de
cuentas resolver los fenómenos naturales en un juego de unidades elementales
gobernadas por leyes “ciegas” de la naturaleza. Esto lo expresaba el ideal del
espíritu laplaciano que, a partir de la posición y momento de sus partículas,
puede predecir el estado del universo en cualquier momento. Esta visión
mecanicista no se alteró -antes bien, se reforzó- cuando en la física las leyes
deterministas fueron reemplazadas por leyes estadísticas. De acuerdo con la
derivación por Boltzmann del segundo principio de la termodinámica, los
acontecimientos físicos se dirigen hacia estados de máxima probabilidad, de
suerte que las leyes físicas son esencialmente “leyes del desorden “, fruto de
acontecimientos desordenados, estadísticos. Sin embargo, en contraste con esta visión mecanicista han aparecido en
las varias ramas de la física moderna problemas de totalidad, interacción
dinámica y organización. Con la relación de Heisenberg y la física cuántica se
hizo imposible resolver los fenómenos en acontecimientos locales; surgen
problemas de orden y organización, trátese de la estructura de los átomos, la
arquitectura de las proteínas o los fenómenos de interacción en termodinámica.
Parecidamente la biología, a la luz, mecanicista, veía su meta en la
fragmentación de los fenómenos vitales en entidades atómicas y procesos
parciales. El organismo vivo era descompuesto en células, sus actividades en
procesos fisiológicos y por último fisicoquímicos, el comportamiento en
reflejos condicionados y no condicionados, el sustrato de la herencia en genes
discretos, y así sucesivamente. En cambio, la concepción organísmica es básica
para la biología moderna. Es necesario estudiar no sólo partes y procesos
aislados, sino también resolver los problemas decisivos hallados en la
organización y el orden que los unifican, resultantes de la interacción
dinámica de partes y que hacen el diferente comportamiento de éstas cuando se
estudian aisladas o dentro del todo. Propensiones parecidas se manifestaron en
psicología. En tanto que la clásica psicología de la asociación trataba de
resolver fenómenos mentales en unidades elementales -átomos psicológicos se
diría-, tales, como sensaciones elementales, la psicología de la Gestalt reveló
la existencia y la primacía de todos psicológicos que no son sumas de unidades
elementales y que están gobernados por leyes dinámicas. Finalmente, en las
ciencias sociales el concepto de sociedad como suma de individuos a modo de
átomos sociales -el modelo del hombre económico- fue sustituido por la
inclinación a considerar la sociedad, la economía, la nación, como un todo
superordinado a sus partes. Esto trae consigo los grandes problemas de la
economía planeada o la edificación de la nación y el Estado, pero también
refleja nuevos modos de pensar. Este paralelismo de principios cognoscitivos
generales en diferentes campos es aún más impresionante cuando se tiene en
cuenta que se dieron independientemente, sin que casi nunca interviniera nada
de la labor de indagación en campos aparte. Hay otro aspecto importante de la
ciencia moderna. Hasta no hace mucho la ciencia exacta, el corpus de las leyes
de la naturaleza, coincidía casi del todo en la física teórica. Pocos intentos
de enunciar leyes exactas en terrenos no físicos han merecido reconocimiento.
No obstante, la repercusión y el progreso de las ciencias biológicas, de la
conducta y sociales parecerían imponer un ensanchamiento de nuestros esquemas
conceptuales a fin de dar cabida a sistemas de leyes en
campos donde no es suficiente o posible la aplicación de la física.
EL PRECEPTO ÚLTIMO
Es concebible, sin embargo, la comprensión científica de la
sociedad humana y de sus leyes por un camino algo diferente y más modesto.
Tal conocimiento no sólo nos enseñará lo que tienen de común en otras
organizaciones el comportamiento y la sociedad humanos, sino también cuál es su
unicidad. El postulado principal será: el hombre no es sólo un animal político;
es, antes y sobre todo, un individuo. Los valores reales de la humanidad no son
los que comparte con las entidades biológicas, con el funcionamiento de un
organismo o una comunidad de animales, sino los que proceden de la mente
individual. La sociedad humana no es una comunidad de hormigas o de termes,
regida por instinto heredado y controlada por las leyes de la totalidad superordinada;
se funda en los logros del individuo, y está perdida si se hace de éste una
rueda de la máquina social. En mi opinión, tal es el precepto último que ofrece
una teoría de la organización: no un manual para que dictadores de cualquier
denominación sojuzguen con mayor eficiencia a los seres humanos
aplicandcientíficamente las leyes férreas, sino una advertencia de que el
Leviatán de la organización no debe engullir al individuo si no quiere firmar
su sentencia inapelable.
REFERENCIAS
o
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